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La cocina del conflicto

La tendencia del Food Porn ha invadido las pantallas de nuestros televisores, smartphones y ordenadores, se ha metido a la fuerza en nuestras cocinas –porque, ¿quién no ha intentado hacer alguna tarta o muffin en casa llevado por la ilusión?-. Las revistas, y hasta las tiendas, han aprovechado el fenómeno imprimiendo imágenes, en ropa y accesorios, de macarrons, cupcakes y tartas de mil colores, con esa colorida cobertura llamada fondant que parece plastilina y es tan personalizable. 

Y en medio de tanto revuelo de platos dulces y salados de mil sabores, el otro día por pura casualidad, me encontré con un proyecto relacionado con la cocina que deja de lado lo comercial y se apoya en una filosofía que va más allá. Estoy hablando del Conflict Kitchen, un restaurante localizado en Pittsburgh, Pensilvania, donde se sirve exclusivamente comida tradicional de los países en conflicto con Estados Unidos.

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 El proyecto es más que un restaurante, es cultural y nace en 2010 gracias a la unión de dos mentes creativas, la de un profesor de arte de la Universidad Carnegie Mellon, Jon Rubin, y del artista Dawn Weleski. Se trata de un local que ofrece un servicio de take-out, que es parecido al take-away con la diferencia de que alrededor tiene un incitante césped verde con mesitas y sillas en donde sentarse para disfrutar de la comida.

La cocina es también una forma de aprendizaje y desde el Conflict Kitchen lo saben bien; es ahí donde reside la clave del asunto. Mientras esperas tu pedido en la cola, charlas con los empleados, seleccionados específicamente para que sean capaces de debatir sobre temas político-culturales.

Cuando recibes tu queso arepa venezolano  o tu bolani afgano, puedes leer en el colorido papel que lo envuelve todo tipo de información sobre el país del cual estás disfrutando su mayor plato típico.

El Conflict Kitchen ofrece un almuerzo aliñado de valores intangibles, que aportan esa pizca de curiosidad hacia lo diferente, la necesidad de conocer al prójimo e intentar entenderlo. El restaurante ha pasado ya por varias ediciones: la venezolana, la cubana, la afgana y la iraní. Actualmente se han centrado en Corea del Norte, pero están preparándose para re-editar la versión afghana debido al gran éxito que tuvo.

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Desde luego esta iniciativa se puede tomar como una forma diferente de enfrentar la hora de descanso del trabajo a mediodía, para una salida diferente entre amigos, yendo más allá del simple sushi o el cous cous, o bien como una píldora de concienciación para los ciudadanos.

Ellos mismos han organizado, en otros contextos, eventos puntuales como charlas y encuentros. En concreto, me gustaría destacar el llamado “Speech of Swans” (Charla de Cisnes): en 2011 en Brasil, montaron un teatrillo donde la gente podía dar paseos gratis por un lago en barquitos con forma de cisnes, pero el acompañante era un actor que en cada caso interpretaba Barack Obama o Hugo Chavez, y de este modo, se podían escuchar dos versiones diferentes de países con conflictos entre ellos.

A mí personalmente, me encataría disfrutar de una iniciativa parecida en el lugar donde vivo, sería mi lugar favorito para ir a comer  al mediodía.

Silvia Zanetti | @szkinder

 

 


Publicado por Silvia Zanetti

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